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La cultura de la crueldad

El breve libro de Abdías denuncia enfáticamente contra Edom “(…)estás abatido en gran manera. “  “La soberbia de tu corazón te ha engañado” “de ahí te derribaré” “Todos tus aliados te han engañado” pero ¿qué pasó para que tal denuncia fuera con tanta severidad? Edom era el pueblo descendiente de Esaú, mientras que Israel descendía de Jacob. El conflicto entre Jacob y Esaú (Génesis 25 y 27) se prolonga simbólicamente en la historia de las dos naciones. Esaú y Jacob eran hermanos, pero su relación quedó marcada por rivalidades y engaños. De esa raíz brotó una enemistad que se reactivó en momentos de crisis. El punto culminante se dio cuando Jerusalén cayó bajo los babilonios (586 a.C.). En vez de solidarizarse, Edom aprovechó para burlarse, saquear e incluso entregar fugitivos (vv. 10-14). Esto fue percibido como la máxima traición: el hermano que se regocija en la desgracia del otro. Edom,

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El Valle de los huesos secos

La imagen de Ezequiel 37 es brutal. Un valle entero cubierto de restos humanos calcinados por el sol. Huesos dispersos, blanqueados, sin rastro de carne ni tendones. Y el narrador bíblico insiste con un detalle que podría parecer redundante: “estaban muy secos”. No es una metáfora menor. La sequedad extrema significa que toda posibilidad de vida, desde cualquier perspectiva humana, se ha extinguido. No hay médula en esos huesos. No hay humedad. No hay esperanza.El profeta Ezequiel, antes de pronunciar palabra alguna de vida, hace algo que la cultura contemporánea ha vuelto incómoda: mira de frente la magnitud de la muerte. No la embellece, no la minimiza, no la reinterpreta como un tránsito menor. La constata en toda su crudeza.Esta escena contiene una lección que merece ser rescatada del reduccionismo religioso en el que a menudo ha sido encorsetada. La tentación de saltearse el diagnóstico En nuestros días circula con

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Leer la biblia no es el problema

Muchos creen que no entienden la Biblia porque es difícil. El problema no es la dificultad. El problema es desde dónde se la lee. La Biblia no fue escrita para curiosos. Fue escrita para creyentes. Y eso cambia completamente el punto de partida. Intentar entenderla desde afuera es como querer analizar un idioma sin hablarlo. Podés estudiar la gramática, pero nunca vas a captar su sentido. La experiencia precede a la interpretación Por eso, antes de preguntarte qué significa un texto, deberías preguntarte desde dónde lo estás leyendo. Este punto es clave y lo desarrollo en profundidad en mi libro “Cómo leer la Biblia y no morir en el intento”.

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