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Muchos creen que no entienden la Biblia porque es difícil. El problema no es la dificultad. El problema es desde dónde se la lee.

La Biblia no fue escrita para curiosos. Fue escrita para creyentes. Y eso cambia completamente el punto de partida.

Intentar entenderla desde afuera es como querer analizar un idioma sin hablarlo. Podés estudiar la gramática, pero nunca vas a captar su sentido.

La experiencia precede a la interpretación

Por eso, antes de preguntarte qué significa un texto, deberías preguntarte desde dónde lo estás leyendo.

Este punto es clave y lo desarrollo en profundidad en mi libro “Cómo leer la Biblia y no morir en el intento”.

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